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Historia

Carlota Joaquina, la hermosa princesa de Brasil

La historia guardó la memoria de la fealdad de la reina Carlota Joaquina, una fama oscura promovida después del apoyo a D. Miguel durante las guerras liberales (1828-1834).

En 1936, durante la preparación de la exposición Cerâmica Olisiponense, realizada por el Ayuntamiento de Lisboa, se arregló una galería de retratos de los reyes portugueses en las paredes del jardín del Palacio das Galveias.

La restauración, llevada a cabo por la Fábrica de Cerámica Constância, en el momento de la transición entre la dirección de Leopoldo Battistini (1865-1936) y la de su discípula María de Portugal (1884-1971), implicó la pintura de los retratos en falta, del período que abarca los reinados de D. João II a D. Afonso VI. Como era común, la secuencia cronológica omitía la representación de los monarcas españoles en tiempo de unión entre las dos coronas (1580-1640).

La serie reúne retratos de dos épocas distintas con una década de diferencia, y las representaciones del conde D. Henrique y la princesa Carlota Joaquina muestran diferentes marcos de los otros retratados. Sin conocer la procedencia del conjunto, sabemos que ambos fueran hechos para el principio de una escalera, probablemente para una villa o palacio real.

Toda la galería de retratos se puede atribuir a Francisco de Paula e Oliveira (act.1788-1825), alfarero, pintor de azulejos y maestro de la Real Fábrica de Louça do Rato, quien los hizo a partir de series de grabados que constituían los retratos de la divulgación oficial. En el caso de la princesa española, Paula e Oliveira siguió rigurosamente el grabado de Manuel Marqués de Aguilar (1767-1816), que a su vez reproduce un retrato del pintor Giuseppe Trono (1739-1810).

Princesa D. Carlota Joaquina. Francisco de Paula e Oliveira, c. 1810. © Museu de Lisboa.

La iconografía real portuguesa moderna despunta con el historiador cisterciense fray Bernardo de Brito, quien, en la obra Elogio de los Reyes de Portugal, justificó la necesidad de inclusión de los verdaderos retratos de los monarcas portugueses, porque en su opinión había una relación íntima entre la belleza fisionómica y la belleza interior que emana del carácter virtuoso. La unión de estas dos bellezas demostraría la razón de la permanencia de la familia real en el poder durante más de cinco siglos. Escribiendo a Felipe III, el historiador explicó:

Tampoco me parece inconveniente reunir los retratos a la declaración de su ascendencia, porque siendo la hermosura [exterior] indicación del interior, y como tal merecedor de Imperio. Vea el mundo con cuánta razón lo han tenido [el Imperio de Portugal] durante más de quinientos años sin pasar nunca la corona a extraña generación.

Carlota Joaquina Brasiliae Princeps. J. Manuel Leitão de Vasconcelos, c. 1805-1810 © Biblioteca Nacional de Lisboa
Carlota Joaquina Brasiliae Princeps. J. Manuel Leitão de Vasconcelos, c. 1805-1810. © Biblioteca Nacional de Lisboa.

La historia guardó la memoria de una desagradable reina Carlota Joaquina, con una vida de lujuria con numerosos amantes, una fama oscura promovida después del apoyo a D. Miguel durante las guerras liberales (1828-1834). El retrato de la esposa de D. João VI como princesa del Brasil, con cuello de encaje, un collar de perlas y un peinado exquisito, todavía conserva la imagen anterior, de la importancia del apoyo político de la regente frente a la amenaza de las incursiones francesas.

BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL

MANGUCCI, Celso. Um novo padrão. A Fábrica-Escola de Louça do Rato 1767-1835. Lisboa: Museu de Lisboa, 2017.

Lisboa, Museu de Lisboa

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