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¡El rey Midas tiene orejas de burro!

Los certámenes poéticos son un acontecimiento singular de la vida cortesana. En las academias, patrocinadas por los grandes aristócratas, los poetas se reúnen para recitar versos, para alabar y para que sean alabados.

Los certámenes poéticos son un acontecimiento singular de la vida cortesana. En las academias, patrocinadas por los grandes aristócratas, los poetas se reúnen para recitar versos, para alabar y para que sean alabados.

En 1663, en Lisboa, la Academia dos Generosos propuso hacer una competición poética para celebrar la victoria de las armas portuguesas en la Batalla de Ameixial. En el aviso que convoca a todos los académicos, el rey es el protector de las artes, mientras que los poetas son comparados con los caballeros que lucharon por la defensa del reino. Así decía el cartel:

Los éxitos de este combate, como sus aplausos, se deben a Su Majestad. Bajo el patrocinio de su verdadera grandeza, tanto los que lucharon en la Batalla entonces como los que ahora compiten en la Academia serán venerados y protegidos. Su Majestad, como nuestro Apolo portugués, tiene relámpagos que arder en combate. Con lo que ilumina en el evento, en ambas as partes, se espera ver a Su Majestad el verdadero héroe del mejor poema para acompañarlo y celebrarlo vencedor en la sagrada Conquista.

El juicio de Midas. Villa de los Marqueses de Fronteira, c. 1669. © Teresa Verão.

Los jardines de la villa de los Marqueses de Fronteira también celebran las victorias de la Guerra de la Restauración, mas en el panel de azulejos de la escalera que sube al balcón de los reyes asistimos a otra emulación. Como nos cuenta el poeta Ovidio en Metamorfosis, el rey Tmolo, con la cabeza coronada por una rama de encina, presidió el desafío musical que oponía la lira de Apolo a la flauta de Pan.

Para la representación del episodio, el pintor siguió el hermoso grabado de Hendrick Goltzius, con Apolo en el centro, acompañado de las Musas, y Midas, el rey ambicioso que deseaba que el toque de sus manos convirtiera todo en oro, representado de espaldas, avergonzado, con orejas de burro sobresaliendo de la corona. Como es bien sabido, las orejas peludas fueron un castigo por el rey frigio discrepar con el veredicto de la disputa y preferir escuchar la melodía del rudo instrumento de Pan.

The Judgement of Midas. Hendrick Goltzius, 1590 © Rijskmuseum
The Judgement of Midas. Hendrick Goltzius, 1590. © Rijskmuseum.

Esta es la segunda representación de una competición musical en el programa en la villa de los Marqueses de Fronteira. En la galería que une el palacio con la capilla, encontramos las esculturas de Apolo y Marsias, este último también derrotado y esfolado por el favorito de las Musas. En estas míticas batallas poéticas no vemos la oposición entre dos naciones, sino el enfrentamiento primordial entre los representantes de la naturaleza salvaje contra el representante de todas las artes y ciencias, de la poesía dramática, de la lírica, de la historia y de la astronomía. Es el triunfo de la civilidad sobre las tierras baldías. El rey Midas fue perdonado por su codicia, pero los oídos de la ignorancia y la falta de gusto, estos permanecieron para siempre.

BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL

NEVES, José Cassiano. The palace and gardens of Fronteira: seventeenth and eighteenth century Portuguese style. 3rd rev. ed. by Vera Mendes and Fernando Mascarenhas. Photography by Nicolas Sapieha. Lisboa: Quetzal Editores, 1995. ISBN: 978-0935748987.

Lisbon, Quinta dos Marqueses de Fronteira

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